SEMILLA AGUSTINIANA
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Te queda decir: «¿Y qué hago con mis hijos?». Escucha el consejo de tu Señor, tomado también de allí. Si te dijera tu Señor: «Mejores planes hago yo que los he creado que tú que los has engendrado», quizá no hallarías nada que responder. Pero has de poner los ojos en el rico que se alejó triste y fue reprendido en el evangelio; quizá te dices: «El rico hizo mal en no vender todos sus bienes y dárselos a los pobres, puesto que no tenía hijos; yo, en cambio, los tengo; tengo para quienes guardarlos». También en esta desgracia te asiste tu Señor ( Serm 86,9).P. Juan A. Cardenas
UNA FE QUE PERSEVERA
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La mujer cananea no deja de confiar, aunque Jesús parezca guardar silencio. Su humildad y perseverancia abren el camino al milagro. La fe auténtica sabe esperar porque confía más en el amor de Dios que en sus propios cálculos.San Agustín escribe: «Dios demora sus dones para ensanchar nuestro deseo» (Comentario a la Primera Carta de San Juan, IV, 6). El Catecismo enseña que la oración perseverante es una expresión de la confianza filial (CEC 2737).No abandones aquello por lo que llevas tanto tiempo orando. Dios nunca llega tarde; siempre llega en el momento oportuno.Palabra para recordar: «¡Qué grande es tu fe!» (Mt 15,28).P. Fr. Juan Alberto Cárdenas Ruiz, OSA
Por más grande que sea la crisis que usted está viviendo, por más complicada que sea su situación económica, por muy avanzada que esté su enfermedad, a pesar de los grandes inconvenientes familiares, por encima de lo que sea, está Papá Dios,
¡El lo puede todo!Mira que yo soy Yahvé, el Dios de toda carne. ¿Habrá algo que me resulte extraordinario?
Jeremías 32: 27
PALABRAS DEL SANTO PAPA FRANCISCO (Mt 17, 14-20)
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La semilla de la mostaza es pequeñísima, pero Jesús dice que basta tener una fe así, pequeña, pero auténtica, sincera, para hacer cosas humanamente imposibles, impensables. ¡Y es verdad! Todos conocemos a personas sencillas, humildes, pero con una fe muy firme, que de verdad mueven montañas. Pensemos, por ejemplo, en algunas mamás y papás que afrontan situaciones muy difíciles; o en algunos enfermos, incluso gravísimos, que transmiten serenidad a quien va a visitarles. Estas personas, precisamente por su fe, no presumen de lo que hacen (…) Cuánta gente entre nosotros tiene esta fe fuerte, humilde, que hace tanto bien. (…) cada uno de nosotros, en la propia vida de cada día, puede dar testimonio de Cristo, con la fuerza de Dios, la fuerza de la fe. Con la pequeñísima fe que tenemos, pero que es fuerte. Con esta fuerza dar testimonio de Jesucristo, ser cristianos con la vida, con nuestro testimonio. ¿Cómo conseguimos esta fuerza? La tomamos de Dios en la oración. La oración es el respiro de la fe: en una relación de confianza, en una relación de amor, no puede faltar el diálogo, y la oración es el diálogo del alma con Dios. (Francisco - Angelus, 6 de octubre de 2013)